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Diez Más

Del 4-4-1-1 al 3-4-1-2 (y las dos lanzas)

Estudiantes utilizó dos líneas de cuatro como punto de partida, pero en varios ataques mutó hacia un sistema ofensivo. Dubarbier y Pavone, las llaves.


Foto: AFP

Los números de un dispositivo táctico sirven de referencia, aunque solos no alcanzan para describir a un equipo. Si con eso bastara, podría afirmarse que Gustavo Matosas diseñó una estructura defensiva: 4-4-1-1. No fue así. Su equipo fue tan elástico que, en la mayoría de los ataques del primer tiempo, cambió hasta conformar un 3-4-1-2 bastante ambicioso.

¿Cómo movió sus fichas Estudiantes para convertirse? Facundo Sánchez (lateral derecho) escalaba y se transformaba en mediocampista por esa banda; Lucas Rodríguez (volante por derecha) se cerraba con una diagonal hacia adelante y pasaba a desempeñarse como enlace; Juan Otero (mediapunta) subía para acompañar a Mariano Pavone en la ofensiva.

El punto de partida fue el siguiente (4-4-1-1): Andújar; Sánchez, Schunke, Foyth y Diarte; Rodríguez, Braña, Ascacibar y Dubarbier; Otero; Pavone.

Así terminó gran parte de los avances en la etapa inicial (3-4-1-2): Andújar; Schunke, Foyth y Diarte; Sánchez, Braña, Ascacibar y Dubarbier; Rodríguez; Otero y Pavone.

A los 34 minutos de juego, el triángulo que diagramó Matosas funcionó casi a la perfección: Pavone descargó con Otero, el colombiano habilitó a Rodríguez y la Pulga definió sin precisión (buscó el primero palo y la bola se fue medio metro afuera).

Si bien ese tridente exhibió algunos movimientos interesantes, el desnivel llegó por intermedio del dúo Dubarbier-Pavone. Primero avisaron (gran centro del mediocampista y remate alto del delantero), después concretaron.

En el primer gol, Pavone desbordó por derecha y mandó el centro; a Sebastián Dubarbier le cometieron el penal; el propio atacante canjeó por festejo.

En el segundo tanto, el volante ejecutó un preciso tiro de esquina y el Tanque mandó a la red tras el cabezazo de Jonathan Schunke.

Dubarbier participó/generó seis ocasiones nítidas de gol. A las tres mencionadas, se agregan: remate alto, luego de una buena asistencia de Rodrigo Braña (el que completó el podio); pase atrás para dejar a Otero cara a cara con el arquero; otro córner al primer palo que volvió a cabecear Schunke (dio en el travesaño).

En el segundo tiempo, el Pincha arriesgó un poco menos. Sánchez no escaló tanto y el esquema (4-4-1-1) casi no mutó. Iritier (reemplazó a Rodríguez) y Otero alternaron posiciones en varias acciones. Un enroque simple: cuando el colombiano se tiraba a la derecha, el ex-Huracán se cerraba para oficiar de conductor.

Estudiantes fue más vertical y menos horizontal que en la temporada pasada (llegó a posición de ataque con menos pases) pero puede que eso se relacione con su adversario, notoriamente inferior.

Un sistema maleable, una dupla mortífera y un triunfo merecido.