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Diez Más

Indefenso ante los centros

En los últimos cuatro partidos (todas derrotas) Estudiantes recibió 10 goles y 8 de ellos se produjeron tras un envío al área desde el costado. La desatención, la gran causa del problema.


Desde el alejamiento de Gastón Fernández, el centro se convirtió en la principal herramienta ofensiva del equipo de Nelson Vivas: así llegaron 18 de sus 25 tantos en el torneo local. Lo curioso es que comenzaron a lastimarlo –y mucho- por la misma vía. Ante cada envío al área de los últimos encuentros, el Pincha lució desprotegido.

Las derrotas ante San Martín de San Juan (2-3), Defensa y Justicia (1-2), Vélez (2-3) y Botafogo (1-2) no fueron producto de la casualidad. Mientras que en las cinco primeras fechas del campeonato argentino Estudiantes había conservado su valla invicta, en esta seguidilla de derrotas le marcaron 10 goles (un promedio de 2,5 por partido). El dato llamativo es que en ocho ocasiones, de esa decena de veces que vulneraron su arco, fue como consecuencia de un centro que no fue defendido de manera correcta.

La explicación de este paupérrimo momento defensivo está, en buena medida, en la desconcentración. El error no está en el retroceso y sí en el marcaje. El Pincha acumula gente y no ajusta las marcas. En las dos conquistas de Botafogo, por ejemplo, el conjunto de Vivas concentró ocho hombres en el área quienes no pudieron neutralizar a los cuatro rivales.

En el primer tanto del elenco brasileño fallaron en la marca Facundo Sánchez, Jonathan Schunke y Leandro Desábato. Sánchez tomó a un rival de adentro y dejó libre uno que venía por su espalda, Schunke comenzó marcando al autor del gol y lo liberó en el medio de la jugada, Desábato se hizo cargo y lo “marcó” a un metro de distancia. Un agregado: los tres se obnubilaron con el balón. Ante un centro, ‘pelota-jugador’ reza un axioma futbolero tan viejo como certero. Estudiantes, últimamente, no lo aplica.

En el segundo tanto se repitió la escena: ocho para defender, ninguno para rechazar. Ascacibar perdió su marca, Damonte no despejó y varios oficiaron de testigos.

En ambas acciones al Pincha lo lastimaron con un centro y en ninguna de las dos le marcaron de manera directa: envío-definición. La defensa falló en primera instancia y también en la segunda pelota. En los dos goles de Botafogo la oportunidad de despeje fue doble (y nula).

La última vez que Estudiantes mantuvo su valla en cero, una costumbre hasta hace poco tiempo, fue contra Talleres (0-0). Luego de ese encuentro la defensa perdió las tres virtudes que la caracterizaban: orden, intensidad y concentración. Sobre todo la concentración. Los últimos cinco goles en contra de 2016 llegaron tras un centro y tres de los cinco que le marcaron este año fueron por esa vía (a los de la Copa Libertadores, se suma el segundo de Vélez).

¿Es importante tener más alternativas en ataque? Sí, por supuesto. En ofensiva, el equipo de Vivas depende demasiado del centro y de la pelota parada en general; carece de un armador.

¿Es necesario que Estudiantes entienda cuándo salir jugando y cuándo saltear fases? Sí, claro. El riesgo nunca debería superar el beneficio, como ocurrió a los 44 minutos del complemento en la reanudación del torneo.

Pero más significativo que esos dos ítems es, incluso, que recupere la atención. Que ajuste las marcas. Atento Pincha, allá viene un centro.