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Vamos aclarando el panorama

¿Por qué razón el periodismo especializado en fútbol ha tomado con tanto entusiasmo los modos del show, del stand up, de las más burdas tertulias del café? El rol del periodismo y la decisión de los jugadores del seleccionado de no hablar más con la prensa; en la pluma de Walter Vargas.


Por Walter Vargas.-

El distanciamiento del periodismo decidido por los jugadores de la Selección Nacional y su anunciada aplicación de silenzio stampa tiene toda la cara de un mejunje de rencores mal tramitados, malentendidos, verdades a medias, hipocresías y otros condimentos.

En ese contexto, un contexto en el cual se dice poco de lo que se piensa y se piensa poco lo que se dice, acaso la intervención más atinada fue la del entrenador Nelson Vivas, con la autoridad que le da haber jugado siete años en Europa y 39 partidos de la Selección, incluido el del Mundial de Francia 98.

Observó Vivas que el límite de los reparos periodísticos deberían ser la vida privada de los futbolistas y la burla.
Certera la flecha del director técnico de Estudiantes.

Lo de la vida privada debería darse por descontado y sin embargo a alguna parte del periodismo carroñero siglo XXI lo tiene sin cuidado.

Y lo de la burla, o las burlas, también atañe a los medios de comunicación, en la medida que si no se cultivan abiertamente se las difunden con la coartada perfecta de los “memes”, hábito cultural extendido que amén de su aspecto democrático destaca por su tendencia a la canallada: cualquier cosa y cualquier persona pueden ser motivo de chanza y de crueldad, incluso en la frontera misma del golpe bajo.

Ni el hábito ni su uso son un patrimonio exclusivo de los medios argentinos, desde luego; hace 48 horas el diario español Marca tomó de punto al defensor Iñigo Martínez por lo que juzgó una muy mala tarea en el partido amistoso de España con Inglaterra y se valió de un meme para humillarlo: una imagen de un cono de entrenamiento y una leyenda inequívoca, “Iñigo en el gol de Vardy”.

¿Por qué razón el periodismo especializado en fútbol ha tomado con tanto entusiasmo los modos del show, del stand up, de las más burdas tertulias del café?

Acaso por comodidad, por pereza formativa, por perjuicios de egos desbocados y porque, deberá admitirse, la ligereza, el impacto forzado y la opinión al tuntún gozan de una pasmosa aceptación del público futbolero de estos tiempos.

Han cambiado los tiempos, claro, han cambiado los futboleros y ha cambiado el periodismo o, posiblemente, más que el periodismo propiamente dicho ha cambiado el modo de interpretar lo esencial y, si se quiere, lo sagrado que hace a la quintaesencia del periodismo.

Por lo menos un buen número de los llamados “comunicadores” de mayor arraigo en los programas de radio y ni hablar de los paneles de televisión.

Dicho esto, habría que estar desprevenido o tener inmensas ganas de creerles a Lionel Messi y compañía, o temer tanto a la coartada corporativa hasta terminar clavándose puñales por crímenes ajenos, para dar crédito a la versión oficial de que los jugadores de la Selección cortaron relaciones con el periodismo porque un relator alertó sobre las presuntas pitadas de Ezequiel Lavezzi.

En rigor, el relator dejó la pelota picando en el punto penal y los players la empujaron al arco vacío, marcaron el territorio y apostaron a hacer tronar el escarmiento a tirios y troyanos: al periodismo superficial, cruel y pavote y al periodismo que bien o mal los cuestiona cuando cree que debe cuestionarlos, por ejemplos por los muy malos partidos que jugaron con Venezuela, Perú, Paraguay y Brasil.

Hay, al parecer, entre los jugadores y los periodistas, una especie de sube y baja de sobreactuación y victimización.
“Desde la confrontación es difícil construir”, advierte Vivas, y tampoco le falta razón.

Pero para construir habría que empezar por recuperar la obvio que, como suele suceder, es lo primero que se pierde de vista.

Los periodistas no somos los protagonistas fundamentales del fútbol: los protagonistas fundamentales son los jugadores en la cancha y los hinchas fuera de la cancha. Es decir, en el gigantesco carrusel del fútbol profesional los jugadores son los protagonistas y los hinchas son los financistas.

¿Y los periodistas? ¿Y el periodismo? El periodismo es el puente que ha contribuido fuertemente a que el fútbol sea lo que es hoy: sin diarios, sin programas de radio, sin programas de televisión, sin una vigorosa caja de resonancia mediática, no existiría el profesionalismo y los jugadores de la Selección no ganarían las millonadas que ganan.

Entonces, queridas estrellas que supimos conseguir: si quieren, den declaraciones; si no quieren, no den declaraciones, que después de todo el lenguaje más interesante de ustedes es el que expresan dentro del campo de juego; interpelen a los periodistas que les faltan el respeto y, si cabe, llévenlos a los estrados judiciales, pero, ¿qué tal si se bajan del poni?