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La cabeza del jugador de fútbol

Pablo Sucarrat, psicólogo deportivo y técnico de fútbol, analiza el costado mental del futbolista.


Foto: goal.com

El fútbol es un juego que, en estas últimas décadas, se ha trasformado en un negocio para muy pocos, pero que tienta a millones. Hay como un apuro para que el jugador salte etapas de formación, por una sencilla razón: que gane dinero rápido.

En mi consultorio veo con frecuencia como la presión que el adolescente siente por jugar de titular, es una cuestión que lo lleva a situaciones de un alto estrés. Si bien el fútbol se ha vuelto cada vez más resultadista, en una sociedad donde el éxito es traducido a números e imagen.

Los chicos quieren jugar en AFA, y si no lo hacen comienzan a cuestionarse en primer lugar, cuestionan las estructuras de los clubes, a sus formadores, que en algunos casos dejan mucho que desear, dando malos ejemplos, desde la selección sub 20 para abajo. Donde ganar vale más que formar.

Si sumamos a los padres de estos jugadores, que exigen que su hijo “triunfe” a cualquier costo. Con la fantasía de que si eso sucede todos los problemas económicos quedaran solucionados, el jugador en su pequeña cabeza comienza a cargar con todas estas exigencias ficticias, extra fútbolísticas. Sin contar con los representantes, que al asecho del oportunismo buscan convencer , y hacerlo una creer al jugador y a su familia, que su hijo es el nuevo Messi, que las  oportunidades están a la vuelta de la esquina.

Todo esto es un coctel muy difícil de asimilar para el joven jugador. Donde sus emociones van de un extremo al otro, desde que es un fenómeno al otro extremo que es un fracasado. Muchas veces los técnicos y los familiares no dimensionan el daño que hacen los halagos como las críticas o la indiferencia porque el jugador ya no es titular.

Entonces cabe preguntarse, que debemos hacer para formar correctamente a un jugador de fútbol desde lo mental, como los padres deben acompañar emocionalmente a su hijo en este maravilloso deporte.

Mi opinión es que hay muy poca formación al respecto, e sumado a que a veces para ahorrar presupuesto no contratan o contratan a cualquier profesional, sin la necesaria formación o experiencia en la materia. Los dirigentes tienen gran responsabilidad en este tema.

A los entrenadores les cuesta reconocer y trabajar estos temas, ya sea por falta de interés o por ignorancia. Entonces vemos como esos mismos jugadores llegan a primera división con muchas falencias sin haber entrenador correctamente el aspecto mental.

Si queremos que nuestros hijos, jugadores de nuestros clubes se formen de manera íntegra, pongamos buenos profesionales y exijan formación constante en sus formadores, que los jugadores estudien, desarrollando su capacidad cognitiva y puedan crecer en este deporte emocionalmente sanos, contenidos y con herramientas para la alta competencia.