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Merecen estar, se lo ganaron

No se trata de un obsequio ni de beneficencia: Chirola Romero y Lobos demostraron que están en condiciones de integrar el plantel. Ídolos que tenían algo más para ofrecer.


Prensa GELP

“Chirola es Gimnasia” expresaron los hinchas triperos en las redes sociales y varios extendieron el pedido a la sede social. Tienen razón. Gimnasia es mucho más que Sebastián Romero, incluso que cualquier nombre propio, pero Chirola sí es Gimnasia. Y con Lucas Lobos ocurre lo mismo.

Pocos jugadores conjugan dos cualidades que ellos atesoran: idolatría y vigencia. Fabián Rinaudo, Lucas Licht y… ellos dos. Cada uno con sus matices, claro, pero los cuatro poseen elementos para aportar. Fito es la figura; el Bochi, titular y capitán; los otros dos, de mínima, piezas importantes para el recambio. Inclusive para inyectar experiencia en un plantel joven, colmado de juveniles.

Tres razones para demostrar que Romero y Lobos merecían (merecen) estar.

1- Lo que fueron. Chirola fue una pieza clave en aquel gran equipo de 1998, ése que sumó 73 puntos en un año (finalizó tercero en el Clausura y segundo en el Apertura). Chirola fue, también, el que jugó las dos promociones que tuvieron finales felices (la histórica de 2009 y la de 2010). Chirola fue amor cuando quiso volver, a sus 38 años y después de tantas negativas. Lobos, por su parte, fue el que brilló en el segundo semestre de 2005: el conductor, el mago, el de aquel penal a Quilmes.

2- Lo que son. Romero demostró que está a la altura de la primera división. Jugó más de la mitad de los partidos (13 de ellos como titular), fue la figura en uno de los clásicos y estuvo entre los cinco mejores jugadores del Lobo en la temporada. Aportó esa doble p, que pocos brindan en el fútbol argentino: pausa y precisión. Lobos, con menos minutos, obsequió decenas de pinceladas y fue importante en varios encuentros en los que Gimnasia debía cambiar frenesí por paciencia. Disputó apenas dos cotejos como titular, aunque en uno de ellos el Lobo redondeó –quizás- su mejor rendimiento en el campeonato: 3-0 a Godoy Cruz, en Mendoza.

3- La humildad. Un sustantivo abstracto que les cabe a ambos. El mote de ídolos no los mareó. Aceptaron lo que los entrenadores decidieron y lo hicieron con buena cara. Se pusieron a disposición. Sin patalear, sin restar. El club, para ellos, siempre permaneció por encima de los nombres y de los egos.

Si el proyecto deportivo pretende un plantel joven, está bien que el club prescinda de Mauro Matos y Mauricio Romero, por citar un par de ejemplos. Chirola y Lobos merecían (merecen) estar. Al menos seis meses más. Sus despedidas debían ser otras: con ovación, sin escándalo.