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Individualidades que rompen tácticas

Para bien o para mal, hay rendimientos personales que son capaces de destruir estrategias. En el clásico platense hubo mucho de eso. Esquemas idénticos, intérpretes bien distintos.


Foto: Télam

Me gusta leer a Walter Vargas. Soy su amigo en Facebook y en esa plataforma me deleito con su prosa. Análisis, reflexiones, reseñas; no importa lo que él escriba. Lo disfruto siempre. Y si bien yo no podría hacerlo de esa manera, combinado claridad y maestría, coincido en casi todo lo que expone.

El sábado a las 22.47, WV publicó: “Me han preguntado si tengo un pálpito para el clásico platense que se jugará mañana. Pues no. No tengo pálpitos, pero sí un puñado de consideraciones emanadas de la experiencia de haber visto todos los partidos de Estudiantes y Gimnasia”.

La primera de sus observaciones me impactó porque era exactamente lo que yo creía: “Jamás, desde 2006 hasta hoy, Gimnasia ha estado en una posición tan buena para ganar en 32 y 25”.

Lo que nunca imaginé es que la certeza la tendría uno de sus seguidores que, a las 23.37, le respondió: “Hay un solo jugador diferente entre los 22 […]El clásico lo va a ganar Estudiantes, gracias a la magia de la Gata Fernández”. Ese tipo, Maxi Jurado, tenía la posta.

El Pincha y el Lobo llegaban casi hermanados. Igual en puntos, idéntico envase (4-2-3-1) y con futbolistas de características similares. Sin embargo, la principal diferencia la marcaron determinados protagonistas. Y el principal de ellos fue el N° 10 albirrojo, un futbolista que no es rápido pero llega primero porque sabe dónde ubicarse, un delantero que no es goleador pero que la mete en momentos determinantes, un jugador que es habilidoso pero gambetea poco. Su inteligencia y su talento, le bastan para sobresalir. Un día, hace ya un par de años, un cubano me preguntó –sorprendido- por qué Gastón Fernández no jugaba en el seleccionado argentino. Le expliqué que era bueno, pero que carecía de la jerarquía que tenían otros. Hoy la respuesta sería bastante más compleja.

Su actuación no fue la única que marcó tendencia. En el Pincha fue el partido de los rubios. Schunke eclipsó al encumbrado Bou; Facundo Sánchez controló a Noble y tuvo aire para disfrazarse de extremo en varios pasajes (participación directa en dos goles); la pareja Ascacíbar-Damonte superó con amplitud al dúo Brum-Rinaudo. ¡Dicen que Ascacíbar tiene 19 años! El resto acompañó y muy bien. De hecho en Estudiantes no hubo desempeños bajos.

Del otro lado, todo lo contrario. Desde Bologna hasta Bou se encuentran puntos flacos, casi anémicos. La excepción fue Castillón, a quien le alcanzó con enjundia para rescatar un aprobado. En líneas generales, muy poco. Casi nada.

Me cuesta caerle a Troglio, cuando hubo tantas fallas individuales. En el primer tanto, los dos centrales fueron con Viatri y descuidaron a Fernández. En el segundo, Bologna dio un rebote largo. En el tercero, Romero eligió barrer en vez de acompañar. Así es muy difícil.

¿Cuestiones tácticas para analizar? Sí, pero estoy convencido de que esta vez no fueron los condimentos que inclinaron la balanza. Me detendré, apenas, en tres factores: 1) Estudiantes siempre fue un equipo corto, Gimnasia no. El Pincha se movió como un péndulo, mientras que el Lobo pareció un resorte estirado. 2) No logré entender la marca personal de Brum hacia Damonte en gran parte del juego. Los futbolistas a anular eran otros. 3) Con dos esquemas 4-2-3-1, se suponía que los mayores espacios estarían a los costados de los volantes centrales. Ahí estuvieron y los aprovechó mejor el elenco local (la banda derecha del León fue el embrión de los tres tantos).

Si esperaban un análisis táctico profundo, les pido disculpas. Esta vez, creo que el desnivel lo marcaron los intérpretes.